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Entrevista al candidato presidencial
Aunque no fue parte de la delegación presidencial, el abanderado humanista fue invitado a La Habana para exhibir su obra “El Fin de la Prehistoria. Un camino hacia la libertad”, en la XVIII Feria Internacional del Libro. Aprovechó, además, de promover la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, evento que él adhirió junto a muchas personalidades nacionales e internacionales. En esta conversación aborda éstos y otros temas contingentes de la región. Fuiste parte de la Feria del libro de La Habana, ¿Qué tal la experiencia de estar en unas de las ferias más importantes del mundo y en un año donde Chile es invitado de honor? T: La Feria del Libro es muy impresionante. La afluencia de público que vi en La Habana no la había visto en ningún lado. Decenas de miles de personas y muchos jóvenes, y además sorprendentemente comprando libros. Toda la gente que yo veía andaba cargada de libros y eso es notable, porque la Feria del Libro de Santiago es muy bonita, es muy organizada, muy bien presentada, pero penan las ánimas. No va nadie, ni mucho menos se venden libros. Como son caros y tienen IVA, ese impuesto absurdo a la cultura acá en Chile, no se venden libros. En Buenos Aires se venden libros pero el público que va es bastante selecto. En La Habana es el pueblo entero en la feria, con miles de personas. Además muchos eventos complementarios, festivales de cine, eventos musicales todas las tardes, bien impactante. Por otro lado, una diversidad de títulos, editoriales, estilos, también muy amplio. Me pareció muy buena. ¿Cómo fue tu presentación? T: Mi presentación fue en el marco de lo que significa que Chile sea el país invitado. Un pabellón completo dedicado al país, muy bien montado, muy bien presentado, y en ese pabellón un par de salas para presentación de libros, donde permanentemente se estaban realizando exposiciones relacionadas con Chile. En ese marco se hizo la presentación de mi libro. Es primera vez que alguien perteneciente a la corriente humanista presenta un libro en Cuba. Quedé muy contento, y la presentación del Viceministro de cultura me gustó mucho porque hizo un muy buen análisis comparativo de lo que se plantea en el libro con lo que ha sido el proceso cubano y el de América Latina.
T: Fue una muy buena visita. En primer lugar, porque se paga una deuda histórica, me parece inconcebible que desde que se recuperó la democracia ningún presidente chileno haya visitado Cuba, habiendo sido un país tan relevante en la protección de chilenos después del golpe militar. Hay muchos que incluso son parte de los gobiernos de la Concertación del ’90 en adelante. ¿La derecha chilena dijo que fue un completo desastre el viaje a Cuba y Piñera señaló que fue bueno sólo para Cuba y perjudicial para el país? T: Con las declaraciones de Piñera caben dos posibilidades. Uno, que está llorando porque como empresario no lo invitaron y sabemos que su objetivo central en la vida es ganar cada día más dinero. Y en realidad la candidatura presidencial es otra forma más en la que él quiere avanzar en sus cientos o miles de millones de dólares. Dos, cada cierto tiempo sufre una incontinencia verbal que refleja que sigue siendo parte de una Derecha absolutamente recalcitrante y fachistoide que existe todavía en Chile. Lo dije en la campaña presidencial y lo reitero hoy, tengo mis serias dudas que él haya votado No en el Plebiscito. Él ha instalado esa imagen y se la cree todo el mundo, pero yo no se la creo. Él fue un pinochetista desde el primer día y lo sigue siendo. Lo que pasa es que saca sus cuentas y descubre que puede obtener más votos presentándose como un hombre demócrata. Cuando uno ve estas declaraciones se da cuenta que sigue siendo el representante de la Derecha y como tal tiene que decir las cosas que al señor Moreira o a la Fundación Pinochet y a otros sectores le acomodan. El proceso cubano cumple 50 años, ¿cómo ves los avances en el país y cuáles son las proyecciones de esta revolución? T: Es mi tercer viaje a La Habana. Yo estuve por primera vez el ‘94 cuando estaban sufriendo la crisis monstruosa derivada de la caída de los socialismos reales y la Unión Soviética. En ese momento vivían en apagones, no había transportes, no había petróleo, la situación era dramática, y uno pensaba que eso no iba a resistir un par de años más. Lograron salir adelante. En tu libro hablas del proceso latinoamericano de integración de los pueblos, donde destacan alianzas como el ALBA, y un camino humanista para lograr ese proyecto, ¿Ves a Cuba como un modelo humanista o le faltan ciertos aspectos? T: No creo que sea el modelo para el proyecto humanista. El proyecto humanista mira a Latinoamérica y rescata que hay muchos intentos diversos donde hay elementos positivos. Cuba los tiene sin duda en materia de salud, educación, deportes, pero otros países tienen otros elementos que aportar. Bolivia lo tiene en términos de organización comunitaria, de organización de los pueblos originarios, de valoración de su cultura ancestral. Brasil lo tiene en un gobierno que es liderado por un sindicalista, pero también en su búsqueda de protección de la Amazonia como un elemento medioambiental fundamental para el futuro de la humanidad. Ecuador, creo que representa una serie de elementos positivos tratando de incorporar una economía mixta, muy similar a la que planteamos los humanistas con participación real de los trabajadores. Venezuela sin duda ha tomado un rol protagónico en el proceso de integración latinoamericana, con Petrosur, Petrocaribe, Operación Milagro. En toda América Latina están presentes hoy día estos intentos y Cuba sin duda que hace su aporte. Es una suerte de Decano, puesto que es un proceso más largo, pero como humanista no lo veo como “el modelo a seguir”, es decir, creo que hoy tenemos que avanzar rescatando esa experiencia para una sociedad humanista, que significa ubicar al ser humano como valor central, que incorpore la No Violencia como clara metodología de acción en todos los campos del quehacer social, que ponga la integración Latinoamericana como eje fundamental, que ponga la salud y educación como derechos humanos centrales, eso está en Cuba.
T: Yo lo dije aquí, en la quebrada del ají, y en La Habana. Yo estoy por una total libertad de expresión en todas sus formas, en cualquier lugar del planeta. Eso es válido para Cuba y para toda América Latina. Cuando me dicen que existe libertad de expresión en Sudamérica, pongo un signo de interrogación gigantesco. El que existan muchos medios no es garantía de libertad de expresión, ya que esos medios están al servicio de determinados intereses y censuran a un conjunto de propuestas e ideas, acciones que no responden a los intereses de esos grandes grupos económicos. Entonces, hablemos de libertad de expresión pero en todo el planeta y en Latinoamérica en general. Creo que hay que hacer avances, y en Cuba también por supuesto. El bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba provoca que se lo aísle del comercio mundial, pero Cuba quiere abrirse al mundo y que empresarios lleguen a invertir en el país. ¿Qué debe ocurrir para que pase eso, debe transar en ciertos aspectos comerciales o continuar con su sistema íntegramente socialista? T: El bloqueo debe terminar porque es inmoral e inaceptable. De 192 países en la ONU, 188 han votado permanentemente en contra del bloqueo, sólo dos votan a favor y dos se abstienen. Entonces es impresentable, no tiene ninguna justificación, así que aquí no se pueden poner condiciones para que termine el bloqueo, simplemente no debe existir. Es más, los mismos empresarios norteamericanos están demandando que termine el bloqueo porque a ellos les afecta fuertemente. Hay un mercado con once millones de habitantes, y como todo lo ven con cara de mercado, es una posibilidad de negocio muy interesante. Está a la vuelta de la esquina. Fuiste con el objetivo de promocionar la Marcha Mundial por la Paz, ¿qué compromiso lograste sellar? T: Para la Marcha Mundial me reuní con varias personas. Con el presidente de Prensa Latina, a quien la pareció una iniciativa muy fascinante, que ellos sienten necesario cubrir, no sólo el lanzamiento de la marcha, sino todo lo que va sucediendo en el transcurso. Me manifestó el interés de hacer un seguimiento y poder entrevistar a los personajes más importantes que han ido adhiriendo a la marcha y poner a disposición los corresponsales de ellos en alrededor de 40 países. Fue una muy buena reunión de trabajo, y creo que de ahí saldrán acciones que ayuden a difundir más la marcha. También me reuní con el Movimiento Cubano por la Paz (y La Soberanía de los Pueblos), que es una ONG que impulsa todos los temas vinculados con la paz y el desarme. Quieren participar y tomaron varias iniciativas de incorporar gente en algunos tramos de la marcha, de venir acá a Chile al momento de su clausura, de tratar de ‘mover’ algunos grupos musicales para el concierto que se quiere dar acá, de participar con los estudiantes cubanos de otros países en los tramos. En fin, les motivó fuertemente. La tercera reunión fue con Abel Prieto, Ministro de Cultura donde le conté sobre la marcha y sus actividades.
T: Que pase o no pase por un país depende de la iniciativa que en cada lugar se tome. Yo les expliqué que la marcha no es una estructura orgánica central que define las acciones hasta el último detalle, sino más bien una iniciativa que se compone de innumerables iniciativas, entonces son ellos los que tendrán que ver ahora quienes adhieren y si quieren participar en distintos tramos. Por último, Fidel intervino en el conflicto marítimo de Chile y Bolivia, ¿Es válida la intervención en un tema bilateral?, y ¿crees que se debe llevar a una corte internacional? T: Creo que Fidel no intervino. Sólo dio una opinión como la dan innumerables personas y líderes del mundo entero respecto a una situación que hoy afecta al pueblo boliviano. Lo que él dijo es que aquí hubo una guerra movida por intereses de la oligarquía nacional, y eso lo dije yo durante la campaña presidencial, que respondía a intereses neocolonialistas británicos asociados a los grandes poderes económicos chilenos. También hemos dicho con toda claridad que Chile tiene que contribuir con Bolivia para que tenga una salida soberana al mar.
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